Un lecor mas que falso (Cónicas de una juventud metalera en un barrio cuartetero IV)





Marcos corre y le corre la helada transpiración del miedo por todo el cuerpo. Hace rato que anda echando moco. Con su familia a la que ya no le da bola y con sus amigos a quienes ha comenzado a robarles y a sacarles plata prestada con mentiras y artilugios demasiado simples.

Era un pibe bueno, laburador y andaba medio al pedo. Le gustaba el Metal y quería comprarse un cuatriciclo.
Había cobrado hace poco un juicio laboral , pero la suerte que es yeta, le metió varios  lecores en el medio y entre pitos, flautasuna noche cualquiera hundió la nariz en en plato y se empezó a quemar la guita,. En el barrio un dealer te armaba unos ravioles de diez pesos en lecor. Calculo que habrán tenido aspirina con vidrio molido, pero a palabra de los que tomaban, pegaba bien.
Marcos se encontró un día que le quedaban solo con cinco lecores. Nadie en varia ciudades a la redonda le armaría un raviol de cinco pesos, menos en lecores.

Ideó entonces un plan brillante: Tenía un cacho de cartulina (de esos estaban hecho los lecores) y lo recortó minuciosamente del mismo tamaño que el lecor. Raudamente partió a la casa del dealer.
“Uno de diez lecor” dijo con los ojos desorbitados y una cara de mentiroso que volteaba paredes. La adrenalina se le olía de cuatro cuadras a la distancia.  El dealer, en principio acostumbrado a reibir sacaditos y particularmente acostumbrado a la cara de paranoico de Marcos no sospechó. Cuando terminó la transacción, no tardó ni  tres en darse cuenta del timo: “¡Hijo de Puta!” Peló el chumbo y le empezó a tirar. Marcos ya había empezado a correr y sintió el zumbido de las balas muy cerca de la cabeza. El dealer no lo corrió mas porque como todos los dealer sabe que es mejor perder cinco pesos que armar bardo y que caiga la cana.

Marcos llegó a su casa. Se relajó y se tomó el papel.  Ahora se acababa de sumar otro problema a su vida: por ciertas partes del barrio, no podía aparecer, ya no tenía mas dealer que le vendiera en lecor, y pocos amigos le guardaban la confianza de antaño

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