Aguantame Esta.

Dedicado a mi amigo Fede Gaitán, que es uno de los que le hace el aguante a las cosas importantes y con quien nos sacamos los pelos de ves en cuando por este tema
Dedicado a los que el 30 de diciembre de 2004 quedaron adentro de República Cromañón o tirados en la vereda del boliche República Cromañón del Barrio de Once y todo mi respeto a las familias.
Dedicado a Walter Bulacio
Dedicado a todos los amigos y amigas con los que he concurrido a ver algún recital alguna vez. 
Y en especial a los locos que nunca conocí y con los que de muy buena onda y enfiestados, hicimos pogo.



Roto y mal parado
Patricio rey y sus redonditos de ricota
Quemás tu vida en este día, 
en esta tibia, tibia fila. 
Que más, que más, quemás 
Que más, que más, quemás, tu vida
¿Cómo te va en estos días, 
humano roto y mal parado? 
Que más, que más, quemás 
Que más, que más, quemás, tu vida. 
¡Fuego, fuego, fuego, fuego, 
fuego, fuego, el día! 
¡Tango! (solo de saxo) 
¡Fuego, fuego, fuego, fuego, 
fuego, fuego, mentiras! 
Mentiras...


En pocos días se cumple un nuevo aniversario de la tragedia de “República Cromañón”
Siempre me quedé pensando la cantidad de veces que me ha tocado estar en lugares o situaciones así. Si el recital no estaba sobrevendido nos custodiaba un cordón de guardia de infantería con más ganas de cogernos que otra cosa. Si la banda no tocaba en un lugar con una acústica de mierda, la bebida estaba caliente y costaba $50 el medio litro.
Recitales que empezaban invariablemente tres o cuatro horas más tarde de lo acordado (cuando uno paga la entrada, también paga la hora que dice el ticket) y un cordón de patovicas civiles todos re duros maltratando a los que íbamos entrando
¿Puede que este sea un punto de comienzo para pensar que pasó en los recitales de rock para llegar a cromañón? ¿Cuándo el pogo dejó de ser un grupo de chicos abrazados y saltando y pasó a ser una minoría pegándose bollos sin importar el resultado?
Aguante.
Esa es la clave para entender y tratar como generación de sobreponer cromañón.
La cultura del aguante nace en las tribunas de fútbol argentinas. En resumidas cuentas se trata seguir a un quipo de fútbol a toda costa, a lo largo y ancho del país “porque te llevo en el alma” sin importar costos (materiales) ni consecuencias (físicas)
En algún momento esta (por decirlo de alguna manera) filosofía, llegó a los recitales de rock.
Todo dejó de ser importante en pos de una banda de música. Nuestra integridad física. Nuestro dinero. Nuestros seres queridos.  Y ni hablar de la calidad de la banda. Porque cuando uno hace El Aguante no le tiene que importar si la banda cantó bien o mal, si las letras son buenas o malas, si el líder de la banda se tomó un papel al frente de todos, si la banda dice “ser del palo” pero nos pone diez millones de robocops con perros o si son tan avaros y codiciosos que no tienen problemas en dejar entrar en un recital sobrevendido a bebés que terminan (Y terminan del todo)  en una guardería improvisada en un baño del boliche (¿En qué cabeza de que papá o mamá cabe? Seré bruto, pero nunca voy a entender esta prioridad de ver un recital a cuidar de tu hijo).
En este marco es en el que surgen un montón de banditas de malos músicos y peores poetas. Porque la banda ya no importa. Importa el que más salta, el que más grita, el que más bengalas tira, el que más banderas lleva, el que más se la banca con la yuta. ¿Que mas? Quemás. Quemado terminás. En el amplio sentido de la idea de quemado.
La paradoja de la historia de esta tragedia es que no quedó impune. Se celebró un juicio oral y público donde hubo condenas y absoluciones. Como siempre estos fallos no le devuelven la vida a ningún ser querido. Para mí es un fallo injusto. No comparto la absolución de los codiciosos y avaros de Cellejeros. Y NUNCA voy a entender el sentido de ubicación espacio-cerebro-tiempo de los chicos y chicas que fuero a festejar la absolución de la banda frente a las familias.
Visité dos veces el santuario. Y solo me queda decir que ya es hora que definitivamente dejemos de hacer el aguante. Dejemos de aguantar. Y empecemos a ser lo que ya nos dimos cuenta que somos. Personas y jóvenes maravillosos que tenemos mucho más para hacer en la vida que seguir a toda costa a una banda de rock. Eso es una parte de la vida. Hermosa, pero una parte. Que no sea tu todo porque te vas a quedar sin nada.

Desde un pogo de un recital de Divididos en el comedor Universitario de Córdoba los saluda Emilio

3 comentarios:

Anónimo dijo...

excelente!

Maricel dijo...

Muy bueno, la verdad comparto varias cosas con respecto al aguante y lo sucedido en cromañon (desde los padres que llevaban a sus bebes hasta la avaricia de la banda de llenar el local hasta que no puedan entrar más personas) y espero que podamos modificar esa forma idiota de actuar

Florencia Ordóñez dijo...

muy bueno, che. Lo comparto en facebook