Los dos borcegos (Crónicas de una juventud metalera en un barrio cuarteteto X) Capítulo final





                                                                                                        Zapatos embarrados, vuelvo algo mareado
esquivando charcos, todo va a despertar. 
La perito sigue desierta, y el sol que hizo invisible
a la luna de pompeya. 
La perito sigue desierta y el sol que se ha posado
sobre los techos de pompeya.
Fragmento "voy a bailar a la nave del olvido" 
de La renga





Foto: Borceguíes - Graciela Sacco

Borcegos: lunfardo argentino. Dícese del calzado de cuero reforzado y de seguridad para trabajar, Uno de los puntos distintivos de este calzado es la punta de acero, que proteje a los dedos del pié de accidentes laborales. Similar a un zapato de estructura reforzada pensado para todo tipo de trabajos. Los mas hermosos que he visto están la vidriera de Ombú de Bv San Juan y algún día me los voy a comprar para que mis otros borcegos no se sientan solos

Los borcegos son una meta en el ideal de un metalero. Son como las Nike en el cuartetero o las altas llantas para un flogger. Además de la campera. Yo tengo una hermosa campera.
En mucho casos depende de cómo se los use lo que define a primera vista a la persona que los use (si solo viéramos los borcegos en una persona) con las botamangas del pantalón por fuera: laburante o joven rockero, con las botamangas el pantalón por dentro del borcego: cana, milico o facho (ya se, es redundante)  de cualquier especie.

Caminar los barrios polvorientos del sur de córdoba en verano o en invierno con borcegos es el resumen de la condición en la que uno es metalero por esos lares. Lo único que te acompaña de regreso a casa, es el ruido de tus pisadas.

Y fue así, en silencia que los borcegos me llevaron fuera del barrio, lejos de la esquina. Una de las tantas esquinas donde se hizo el aguante (ver "Aguantame esta" en este mismo blog) a tantas cosas y situaciones. Era necesario que dejara de hacer "El aguante", o sea de aguantar que nos pasara cualquier cosa, total  "la vida es así".  
Era hora de dejar la esquina y ocupar la calle. Llevar la cierta furia del heavy metal (ver también en este blog) a la indignación ante cada injusticia. Varios hicieron lo mismo. Otros se quedaron y todavía se los puede ver, durando en la esquina, aguantando vaya a saber que cosa. Y otros que eligieron irse de la esquina a para cruzarse de vereda, ponerse los pantalones por dentro de los borceguíes y calzarse unos lentes para ponerse a molestar a la gente desde arriba de un auto con lucecitas.

El yuta era uno de nosotros. Su hermano tenía una frase que repetía cada vez que viajábamos en bondi y subía un cana “no pagués boleto nunca vos ¿no?”  ¿Que habrá pasado en esa casa? Entre los hermanos había una hermana a la que se apodaba poco cariñosamente “La Pescado” tenía sus cosas criticables, pero lo imperdonable era su afición a Soda Stereo y al Pop. Ni se saludaban. Cuando el yuta entro a la institución ¿habrá cambiado algo en su casa? ¿Su hermano le habrá dicho que pague el boleto?

Hace poco tiempo me toco encontrarme con una chica a la que conozco de la infancia. Estaba de policía. La saludé con afecto. ¿Que otra cosa podía hacer? Nunca me dijo que la cana era una bosta. Nunca me prometió que jamás se haría policía. No era como el yuta: un careta que cuando escuchábamos “Gente que no“de Todos tus Muertos (la primera versión, la del LP Nena de Hiroshima) entraba en trance de felicidad cuando Fidel Nadal cantaba "¿Querés ser policía? YO NO…"

El yuta no daba en ninguno de los perfiles que hasta ahí conocía sobre la cana: estaba pasado de edad, tenía una rodilla hecha bosta de un accidente de motos, no concurrió a la escuela ni de oficiales ni de suboficiales. Lo suyo era medio parecido al de la Peli “El bonaerense” un comisario conocido de él lo metió en la fuerza. Así nomás. Con el tiempo encontré la razón clave, el requisito oculto que cumplió para sumarse a la fuerza: el caretismo, la hipocresía ¿queres ser policía? Yo no…YO SI, tendría que haber cantado.

Sigo con la campera de cuero y los borcegos, ya dejando la juventud. Convencido que me los pongo por que me gustan, no porque deba ponerme esa pilcha. Que un look no es necesariamente una ideología.  Y que no es obligación de nadie ponerse la misma ropa que yo. 

Cada tanto me armo esquinas circunstanciales, necesarias, para juntarme con un par de chabones del palo a charlar de música, deporte o del sexo de los ángeles. Pero si quieren encontrame, búsquenme en la calle.

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