El Odex no es merca (Crónicas de una juventud metalera en un barrio cuartetero III)





Marcos ha empezado a tomar merca y le gusta mucho. Tanto que en pocos meses pasará de ser un bonachón honesto y crédulo a un corrupto ladino y mentiroso que pondrá  en juego su vida para conseguirla. Pero esa es harina de otro capítulo.
Carlos es un piola. Pero un piola integral. Tiene 35 años y vive con su viejo. Supuestamente sabe mucho de música. Toca la guitarra eléctrica en una de las mil formaciones que tuvo la misma banda de siempre que nunca triunfó. Y es un bromista…
Marcos y Carlos no son grandes amigos, pero comparten un círculo de amistades. Carlos es primo de varios de los amigos de Marcos, con los que  se juntan a tomar cerveza bastante seguido

Una noche (Lunes, martes, miércoles, no necesariamente un fin de semana) se hace  una juntada en la casa de uno de los primos de Carlos.  A tomar y a beber.
En un momento empiezan a  asomar los glacés de un gramo.
Prestos a hundir la nariz en el plato, y tal vez para hacer más plena la percepción de los efectos del polvillo, Marcos decide vaciar su vejiga.

Carlos, siempre presto a estos menesteres, hurde una broma: sin avisarle a ninguno de los demás presentes, se agacha y saca de debajo de la cocina un tarro de Odex. Para los incautos desconocedores, el Odex es un compuesto abrasivo en polvo para limpiar superficies. Sirve sobre todo para limpiar baños, y si uno anda muy corto de guita, hasta para lavar los platos. La fórmula química de este preparado que en la jerga popular se denomina “Puloi” (si, de ahí viene) es Dodecibenceno Sulfonato de Sodio, con añadido de perfumina, Carbonato de Sodio y Calcio.

Queda claro que no es para consumo personal de ningún tipo.

Carlos toma el Odex y dice con cara de haber alcanzado la apoteosis de las bromas: “Le hagamos una raya de Odex a Marcos y que se la tome”  Paralizados de estupor, el resto de la reunión solo atina a decir “ponete las pilas” y sacarle a Carlos el Odex de las manos. Pero no hay tu tía.  Carlos le quiere jugar una broma a Macos y después de deliberar logra acordar que la línea sea de fécula de maíz (maicena, para los incautos)
Marcos vuelve del baño sin sospechar que acaba de pasar un peligro importante y que le van a  dar de tomar fécula. Inofensiva para su salud, pero si para su bolsillo, porque el puso para la bolsa.

Pasa el tiempo y Maros convencido de haber tomado pala, se desilusiona: “Che esto no pega” y al rato autoconvencido, sale  al patio y dice “Me está pegando…” y hasta ensaya un pogo solitario de alegría y estúpida euforia por el falso efecto de algo que no tomó.
Sigo pensado que esa noche el subconsciente de Marcos, al percibir las miradas oscuras y cómplices de sus amistades, le mandó desde su cerebro, una dosis de endorfina. Y que bailó ese pogo festejando sin saberlo concientemente,  el no haber caído en la bromita de Carlos y sus amigos.

Porque, al final de cuentas, todos éramos amigos, del palo, grosos, gente de fe.


Igual, no se encariñen con Marcos. La semana que viene veremos cuan estúpido se puede ser por un gramo de merca.

1 comentario:

Sebas Camargo dijo...

ja se esta PULIENDO LA COSA que bueno el relato que parece ser real. es mas es real, por ahi los nombres no, pero que va si es real o no. eso puede pasar perfectamente en el mundito de la merca.

desmitificador de mitos, siga asi.