Gil Trabajador (crónicas de una juventud metalera en un barrio cuartertero VI)


El tormento del vino artificial
y su atmósfera parrillera
anestesian la conciencia común,
que transcurre su infancia
en la tierra estomacal 
Masticando esta siniestra heredad,
prisionero estoy en mi ciudad natal
donando sangre al antojo de un patrón
por un misero sueldo 
con el cual no logro esquivar
el trago amargo de este mal momento.
Mientras el mundo, policía y ladron,
me bautizan sonriendo, gil trabajador. 
bestia humana que duermes aún
de la cuna al ataud,
extraviada del rumbo a seguir
por ignorar que no existe el fin
del que escapar. 
De pacheco a la paternal,
de dock sud a 3 de febrero,
mil amigos con el corazón
esperan esta canción 
para atravesar
el trago amargo de este mal momento
Mientras el mundo, policía y ladrón,
me bautizan sonriendo, gil trabajador. 
gil, gil trabajador
(Gil Trabajador, Hermética)

















La noche estaba presta al cachetazo.
Armando hacía varios días que no tenía guita. Siempre garroneando, estaba medio fuera del mercado laboral formal e informal.
El era un metalero de la primera hora que había visto varias veces a V8. Ahora estaba a full con Hermética. Coincidencia o no, paradoja o no, era marcadamente e injustificadamente antisemita. Ningún judío lo había dejado sin laburo, no era usuario del sistema bancario y es su forma de ver el mundo, aunque necesitara y quería un trabajo fijo, el laburante era lo que gritaba en una estrofa Claudio O `Connor. Un gil trabajador.
Su mujer Claudia también era Metalera pero no de la primera hora. Ella había curtido en Buenos Aires el cemento de Obras masticando lo mejor del Rock Argentino. Lo suyo con Hermética era algo más sexual: estaba caliente con O `Connor.
Tres cosas unían a estos dos humanos. Sus dos hijos, el amor a Hermética y la adicción a la merca.
Armando no andaba sin laburo por ser un número más de la triste estadística de esos años. No podía pedir laburo en ningún lado porque su necesidad de dosis inyectable le hacía imposible el cumplimiento de un horario y el paso por cualquier tamiz de una entrevista laboral.
Para graficarlo mejor, sus prioridades estaban dadas vuelta:
“Mi veja me tiró $200: 100 para merca, 100 para fideos”
Lo primero es lo primero.
Varias veces haciendo vagancia en la esquina lo aguantamos a Armando varias horas de más porque no podía volver a su casa: estaba de visita “el que paraba la olla”  Por los mismos motivos Claudia, tampoco podía conseguir ingresos en el mercado laboral formal.
Pero de “el que paraba la olla”  nos vamos a ocupar otro jueves, porque no es un desconocido (¡Pero qué buena gente que éramos!)
Una tarde no hubo mamá que pasara guita, changa de última hora ni visitas “del que paraba la olla”  el hijo varón de Armando tenía dos pistolas de juguete. Y uno de nuestros conocidos una moto. Charlaron y salieron raudamente hacia la estación de servicio más cercana. Cero máscara, careta o media de nylon en la cabeza. De cara, de frente al mar. No somos choritos como los negros del pasaje. Si nos la jugamos, nos la jugamos en serio.  Así, con esta abstinencia encima, sudando adrenalina, Armando y su cómplice lograron sacarle varios mangos al pibe que estaba de playero.
No me imagino la conversación, pero si la primera parada de compras: el dealer, y lo que quede: “A la gorda, para que vaya al Súper a comprar fideos que los chicos tan cagados de hambre..”
Yo me río mucho cuando los pastores evangelistas de todo el mundo creen escuchar mensajes satánicos en los discos de Heavy Metal pasándolos para atrás. Con solo ver la vida cotidiana de Armando se nota claramente donde Lucifer mete la cola.

No hay comentarios: