todo en uno



Estimados y estimadas: lo prometido. Aquí está el link de descarga del PDF con todos los capítulos de la zaga metalera. Los llevará a la página de Rapidshare donde deben clickear en la opción del medio, el botón verde que dice con una estrepitosa obviedad "DESCARGAR" Gracias por seguir. Desde hoy el blog se actualiza cada 15 días
Emilio


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Los dos borcegos (Crónicas de una juventud metalera en un barrio cuarteteto X) Capítulo final





                                                                                                        Zapatos embarrados, vuelvo algo mareado
esquivando charcos, todo va a despertar. 
La perito sigue desierta, y el sol que hizo invisible
a la luna de pompeya. 
La perito sigue desierta y el sol que se ha posado
sobre los techos de pompeya.
Fragmento "voy a bailar a la nave del olvido" 
de La renga





Foto: Borceguíes - Graciela Sacco

Borcegos: lunfardo argentino. Dícese del calzado de cuero reforzado y de seguridad para trabajar, Uno de los puntos distintivos de este calzado es la punta de acero, que proteje a los dedos del pié de accidentes laborales. Similar a un zapato de estructura reforzada pensado para todo tipo de trabajos. Los mas hermosos que he visto están la vidriera de Ombú de Bv San Juan y algún día me los voy a comprar para que mis otros borcegos no se sientan solos

Los borcegos son una meta en el ideal de un metalero. Son como las Nike en el cuartetero o las altas llantas para un flogger. Además de la campera. Yo tengo una hermosa campera.
En mucho casos depende de cómo se los use lo que define a primera vista a la persona que los use (si solo viéramos los borcegos en una persona) con las botamangas del pantalón por fuera: laburante o joven rockero, con las botamangas el pantalón por dentro del borcego: cana, milico o facho (ya se, es redundante)  de cualquier especie.

Caminar los barrios polvorientos del sur de córdoba en verano o en invierno con borcegos es el resumen de la condición en la que uno es metalero por esos lares. Lo único que te acompaña de regreso a casa, es el ruido de tus pisadas.

Y fue así, en silencia que los borcegos me llevaron fuera del barrio, lejos de la esquina. Una de las tantas esquinas donde se hizo el aguante (ver "Aguantame esta" en este mismo blog) a tantas cosas y situaciones. Era necesario que dejara de hacer "El aguante", o sea de aguantar que nos pasara cualquier cosa, total  "la vida es así".  
Era hora de dejar la esquina y ocupar la calle. Llevar la cierta furia del heavy metal (ver también en este blog) a la indignación ante cada injusticia. Varios hicieron lo mismo. Otros se quedaron y todavía se los puede ver, durando en la esquina, aguantando vaya a saber que cosa. Y otros que eligieron irse de la esquina a para cruzarse de vereda, ponerse los pantalones por dentro de los borceguíes y calzarse unos lentes para ponerse a molestar a la gente desde arriba de un auto con lucecitas.

El yuta era uno de nosotros. Su hermano tenía una frase que repetía cada vez que viajábamos en bondi y subía un cana “no pagués boleto nunca vos ¿no?”  ¿Que habrá pasado en esa casa? Entre los hermanos había una hermana a la que se apodaba poco cariñosamente “La Pescado” tenía sus cosas criticables, pero lo imperdonable era su afición a Soda Stereo y al Pop. Ni se saludaban. Cuando el yuta entro a la institución ¿habrá cambiado algo en su casa? ¿Su hermano le habrá dicho que pague el boleto?

Hace poco tiempo me toco encontrarme con una chica a la que conozco de la infancia. Estaba de policía. La saludé con afecto. ¿Que otra cosa podía hacer? Nunca me dijo que la cana era una bosta. Nunca me prometió que jamás se haría policía. No era como el yuta: un careta que cuando escuchábamos “Gente que no“de Todos tus Muertos (la primera versión, la del LP Nena de Hiroshima) entraba en trance de felicidad cuando Fidel Nadal cantaba "¿Querés ser policía? YO NO…"

El yuta no daba en ninguno de los perfiles que hasta ahí conocía sobre la cana: estaba pasado de edad, tenía una rodilla hecha bosta de un accidente de motos, no concurrió a la escuela ni de oficiales ni de suboficiales. Lo suyo era medio parecido al de la Peli “El bonaerense” un comisario conocido de él lo metió en la fuerza. Así nomás. Con el tiempo encontré la razón clave, el requisito oculto que cumplió para sumarse a la fuerza: el caretismo, la hipocresía ¿queres ser policía? Yo no…YO SI, tendría que haber cantado.

Sigo con la campera de cuero y los borcegos, ya dejando la juventud. Convencido que me los pongo por que me gustan, no porque deba ponerme esa pilcha. Que un look no es necesariamente una ideología.  Y que no es obligación de nadie ponerse la misma ropa que yo. 

Cada tanto me armo esquinas circunstanciales, necesarias, para juntarme con un par de chabones del palo a charlar de música, deporte o del sexo de los ángeles. Pero si quieren encontrame, búsquenme en la calle.

Los chicos no lloran (Cónicas de una juventud metalera en un barrio cuarteteto IX)




Las Chicas
Metal
Flaco como una escoba, tímido como una mojarra e ingenuo como Winnie Poo. Así era Lautaro. Le gustaba la “música alternativa” y apareció en el grupo al mismo tiempo que  llegó a nuestras manos antes que sonara en las radios una copia de  Chactuchac de Los Piojos. 
Igual que nosotros sabía mucho de Metal pero no le interesaba  la estética. Parecía un personaje salido de la Asociación de Jóvenes Cristianos de Estados Unidos.
Era uno de los pocos que estaba cursando la universidad. No fumaba, no bebía, no tomaba y no puteaba. Tenía un comportamiento, se diría, ejemplar.
Un día nos enteramos que Lautaro había discutido feo con sus viejos. Decidió salir del Closet y a sus padres no les gustó ni medio. Se enteró todo el barrio porque la discusión fue a grito pelado. Se habían terminado los secretos y los buenos modales de Lautaro.
A los pocos días, la familia completa se mudó no me acuerdo donde. A algún lugar donde el secreto del nene no lo supiera nadie.
Nosotros no lo vimos más. Solo se comentó. “¿A si?¿Se come la galleta? Pobre guaso…”  y una larga charla sobre lo bueno que estaba el que no viniera mas. Y así se fue uno que nunca llegó a estar del todo entre nosotros. Los machos viriles del metal. Los que por juntarse solo con gente del palo, no veían una mina ni en foto. Pero eso si, bien machitos.

Cuarteto (nunca les conocí el nombre, así que no vamos a inventar)

El primero: Flaco como un palo, con cuatro hermanas mujeres en su familia, fue el primer travesti descarado del barrio. Hijo de un humilde y respetado albañil del barrio, era la única mancha del jefe de familia “Pobre viejo, el único hijo varón le salió putazo” 
El segundo: profe en la escuela secundaria, de día. Desde las cinco de la tarde, frente a los mismos pibes que eran sus alumnos y vecinos, una señorita de pollera y maquillada. “mi amor, te hago de todo”. Humillantes piropos.
El tercero. Peluquero. Amaneradisimo. Enorme y musculoso. Integra la barra brava de uno de los clubes más grandes de córdoba y cuentan las buenas lenguas que cuando hay bollacera, mejor correrse porque pega duro y bien. Capaz que por eso pocos le gritaban “piropos”. Igual, yo una vez vi como uno pendejitos le gritaron: el giró todo su metro noventa y respondió parando el culo y tirándoles besitos mientras sonreía

¿Cómo contar que los dos primeros les interesaban de sobremanera un joven que usaba pelo largo, barba y una reluciente campera de cuero y que firma este blog? Contando tal vez que como contracara a mi intolerancia, nunca me faltaron el respeto. Siempre miraron con ojos hambrientos, pero respetando la respuesta de ese joven. Cómo explicar que la primera vez que vi el orgullo gay no fue en una marcha, sino en estas tres personas que en medio de un barrio humilde se bancaron salir a la calle y sentir las miradas, los comentarios y las risitas.
Cómo explicar que a las pocas semanas de su partida me quedé pensando en Lautaro, en lo boludos que habíamos sido. Si otro de nosotros se resfriaba, ahí estábamos en la casa “haciéndole el aguante” 
Lautaro nunca bardeó, nunca se desubicó, nuca nos robó para comprar merca (Como otros del grupo, digo) Pero cuando necesitó de los únicos amigos que tenía, naranja fanta.
Hoy, cuando voy al barrio a visitar a los viejos cada tanto me cruzo con "uno, dos y tres". Ya casi nadie los bardea. Son parte de la historia del barrio. Y nosotros, la gente del palo, la gente copada, puros entre los puros somos nada entre los nadies.
Iorio dice en una de sus canciones: “Se vos, no mas, así el mundo cambiaras”. Eso si, no se te ocurra ser puto porque cobras. 
PD: Ni decir de lo boludos que varios se sintieron cuando Rob Haldford, líder de la emblemática Judas Priest, se declaró Gay Sadomasoquista (Foto arriba)

Sobre gustos….(Crónicas de una juventud metalera en un barrio cuartertero VIII)



TINTA CHINA
Tinta china, tinta china
Yo te llevo gravado muy dentro de mi pecho
Y en mi corazón
Verde color esperanza, también llevo la alianza
De este gran amor

 Tinta china. Tinta china
Y la piel se me eriza cuando miro el tatuaje
Con tu nombre mujer
Y dentro de mi pecho y en mi brazo derecho
Siempre te amaré
(Fragmento "tinta China" Carlitos "la Mona" Gimenez)






El tatuaje empezaba por aquellos años a ser algo común. Obviamente no todos tenían guita para hacerse uno y el HIV era un fantasmita importante.
Chilo no era del palo. Era cuartetero pero solía darse una vuelta por la esquina a tomarse una birra, o a escuchar algún partido de fútbol.  Era un pibe que laburaba, le gustaba La Mona y hacerse “tintas”
“El hombre de California” Así le pusimos a Damián. Era heavy y le gustaba Guns n´Roses. No solo la música. Se vestía como Axel Rose y le gustaban los tatuajes. Tanto le gustaban que se hizo tatuador. Ese  fue, es y será su trabajo.
Chilo y Damián solían comparar sus incomparables producciones. Las de Chilo, puntos de tinta negra hechas con una aguja por un tercero desconocido  eran lo básico: escorpiones mal hechos, la muerte de la yuta (varios problemas para el que no era choro le trajo esa tinta) y cada tanto se descolgaba con diseños que nos dejaban de cara: las alitas de Nike. 
Alguna vez nos contó que uno de ellos se lo había hecho con una aguja de tejer afilada. Hay que tener ganas.
Damián curtía coloridos dragones, rosas, sonrientes calaveras y sirenas lo adornan de por vida.
Un día Chilo cayó a la esquina y a viva voz lo llamó a Damián: “Vení mirá, me hice una tinta nueva”. La cara de todos intentando descifrar el dibujo minúsculo en el brazo de Chilo fue la síntesis universal de la perplejidad. Una media hora en silencio estuvimos escrutándole la piel tratando de dilucidar el acertijo cutáneo que el destino ponía ante nuestros ojos.
Hasta que alguno de nosotros animó la pregunta

-          -  Chilo…. ¿Que es lo que te tatuaste ahí?
-          -  Una pinchila…

Amigos (crónicas de una juventud metalera en un barrio cuartertero VII)



¡Quién es ese!
"Ese" es el que compra la comida, 
el que paga el colegio de los chicos,
 el que paga las boletas"
Ah bueno, tapalo para que no se resfríe entonces


Éramos un grupo de amigos muy unidos. Nos hacíamos “la pata” cada vez que alguien lo necesitaba.
A veces hacíamos negocios en común. Comprábamos algo a medias y lo usábamos racionalmente.
Si alguien pegaba laburo y había lugar, avisaba al resto y recomendaba en la empresa que tomaba personal.
Pero de vez en cuando los arreglos se salían un poco de lo convencional.
Claudia era una mujer bonita a pesar del baqueteo. Dos hijos, una adicción a cuestas y mucho sedentarismo no habían hecho mucha mella en su belleza. Y a Fabián le gustaba.
El trato fue básico. Fabián paraba la olla y a cambio por un par de horas era el hombre de la casa.
Armando, unos diez minutos antes, se tomaba el buque. No muy lejos: a nuestra esquina. Nosotros le hacíamos el aguante conversando de lo que fuera, tapando con pelotudeces el silencio incómodo.
No faltaba el desinformado

Desinformado: ¿Claudia, los chicos?
Armando: En casa…
Todos: …..
Alguien salvando las papas: Que frío ¿No?
Armando: Si, un frío de la reputa madre que lo parió….

Amigos son los amigos.