Cuando visité La Havana en 1997 sorprendía la devoción de los cubanos por las telenovelas. Como se paraba la ciudad alas 19hs para ver la tele y como al otro día el tema de conversación era el capítulo emitido. Sin tapujos, hombres y mujeres comentaban en sus trabajos el desarrollo de la historia.
Acá es distinto. Nuestra sociedad está tan psicoanalizada que muchas personas cuando hablan de una novela empieza con una serie de justificaciones: “La veo para despejarme” es la más común.
Anoche leía sobre uno de mis pintores favoritos: Edvard Munch. El de “El grito”. Es uno de los artistas que se desarrolló a la par del nacimiento del psicoanálsis en una sociedad oprimida por el puritanismo y la hipocresía.
Eso son los cuadros de Munch. Incomodidad. Gente en situaciones cotidianas retratados con caras ojerosas y angustiadas. “El grito” es la apoteosis de esta línea creativa.
Mi invitación es a que busquen en los libros de pintura (no son caros) o en internet y disfruten como yo a Munch.
Es una tentación psicoanalizar a este Noruego. Los invito a que no. A que vean las pinturas. A que las observen. A que se queden un rato con ese chabon encerrado en rojos matices que es “Autorretrato en el infierno” (Ilustración de esta nota) Y si quieren “Autorretrato con cigarrillo”, también esta bueno.
Más allá de su historia y de su momento calculo que a Munch le habría gustado que alguien en vez de decirle “mira como se refleja la angustia en los rostros, como se nota que la moral y la hipocresía los está matando por dentro” alguien le dijera: “me gusta tu cuadro Edvard…”

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