Y eran de mi edad.
Y no tenían laburo como yo.
Nacidos y criádos en un barrio pobre como yo.
Organizados y haciendo política, resistiendo al neoliberalismo, como yo.
Atacados por una policía provincial como yo.
Les gustaba el rock, como a mi.
Hoy me acorde de ellos. De ese día de mierda cuando los asesinaron en Puente Pueyrredón, Buenos Aires
Recuerdo que los fachos cono Hadad salieron a decir que la izquierda se tornaba mas peligrosa aún porque había logrado uno de sus propósitos: tener mártires propios, reconocibles, como el Che, pero más cercanos.
Antes de sus asesinatos conocí la profunda dignidad de los MTD en un Escrache a un genocida (Comisario Scifo Módica). Si alguno de los compañeros o compañeras con los que compartímos unas hamburguesas (Yo desde H.I.J.O.S.) se acuerda, le mando un abrazo enorme.
Recuerdo a los cincuesta que nos juntamos casi por reflejo de militantes en el fucking Patio Olmos y veíamos como el resto de los cordobeses no nos daba ni tranco de bola. No podían. Estaban luchando por conservar lo poco que les quedaba.
No me acordé porque si.
Lo vi a Duhalde hablando en América y vi la sombra de lo que fué. Y pensé: es un problema porque su nefasto poder siempre fué una sombra silenciosa projectada sobre nuestras vidas. O sea, no está reducido, es el en su escencia mas básica. Un frasquito concentrado de Duhalde. Una sombra que amenaza, señala y nos promete que nuestro pasado puede ser nuestro futuro (Esta idea de la impunidad es de mi hermano, El Bichi) Me cago en Dios.
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